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Esto le pasa al cerebro de un estudiante, cuando bulinea.

“Sufrir y ejercer la violencia a través del acoso y, especialmente del ciberacoso, tiene un impacto brutal en cerebros que todavía están en desarrollo”



Docente de Lengua Castellana y Literatura, María Pareja combina esta labor con la escritura de libros juveniles en los que aborda el acoso escolar y las relaciones de pareja entre adolescentes.


Aunque estudió Periodismo, su carrera soñada, María Pareja encaminó su vida laboral hacia la enseñanza como docente de Lengua Castellana y Literatura. Compagina esta labor con la escritura de obras literarias destinadas al público juvenil en las que propone al profesorado herramientas y recursos para trabajar con su alumnado problemáticas como el ciberacoso, las relaciones afectivas y las adicciones. En su opinión, educar a los adolescentes en relaciones saludables es prioritario, así como tratar el acoso escolar en el aula desde todos los puntos de vista posibles para que los estudiantes se reconozcan y mejoren sus conductas.



Pregunta: ¿Qué explicación encontramos al hecho de que el número de suicidios entre los adolescentes haya aumentado de manera significativa en los últimos años?


Respuesta: Es difícil determinar una única causa, pero diría que la salud mental de los adolescentes se ha deteriorado considerablemente desde la pandemia a causa de la Covid-19; en parte, porque fue el momento en el que se incrementó y se normalizó el tiempo que permanecían conectados a una pantalla. El ser humano es social por naturaleza, las nuevas tecnologías e Internet han suplido nuestra dificultad para relacionarnos de forma presencial por el confinamiento, pero también hemos corroborado que los jóvenes necesitan el contacto presencial y la relación con el otro. También necesitan sentirse seguros en un entorno social y familiar porque, de no ser así, pueden aislarse virtualmente y es, en ese instante, en el que el acceso sin límites a Internet les puede proponer retos para autolesionarse como el de la Ballena Azul.


P: ¿Cómo pueden los docentes tratar este tema con el alumnado? Recursos, metodologías…


R: Como profesora de Lengua Castellana y Literatura me parece que la lectura es una herramienta valiosísima. En primer lugar, porque es un espacio íntimo que nos ayuda a comprendernos y a comprender al otro. Es el momento en el que nuestro alumnado tiene acceso a otras realidades y formas de pensamiento; la literatura fomenta la empatía. En segundo lugar, cuando se trabaja en grupos cooperativos resulta fundamental para tratar asuntos como el del suicidio, ya que los libros permiten una reflexión grupal y guiada por el docente, un espacio en el que los estudiantes pueden sentirse escuchados y acompañados.


P: ¿Y el bullying? ¿Cómo abordarlo teniendo en cuenta que muchos estudiantes acaban suicidándose por este motivo?


R: En 2018 empecé a recorrer institutos para tratar este tema y pude observar que muchos de los adolescentes que sufren algún tipo de abuso no son capaces de exteriorizarlo: sienten vergüenza por lo que están viviendo y prefieren aislarse, de modo que este tipo de conductas se tapan o continúan sin ser cuestionadas. Me parece importante señalar, por otro lado, que no veo maldad premeditada en los acosadores adolescentes, arrastran sus propios traumas o piensan que lo que están haciendo no es dañino. Así que, al tratar esta situación desde todos los puntos de vista posibles, como lectores pueden reconocerse y cuestionar o mejorar sus conductas.


Por otro lado, creo que la persona que toma la decisión de suicidarse lo hace porque siente tanto dolor que solo quiere que pare. Y la violencia, en todas sus formas, es un factor de riesgo para la conducta suicida. Sufrir y ejercer la violencia a través del acoso y, especialmente del ciberacoso, tiene un impacto brutal en cerebros que todavía están en desarrollo. Cabe destacar la labor de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE) que ofrece información, recursos y un Plan Nacional para abordar el problema con el alumnado, docentes y familias.



P: ¿Cómo se puede reconducir a un adolescente que acosa a otro compañero?


R: Creo que lo más importante es que el acosador adolescente no percibe lo que está haciendo como dañino, normalmente lo ve como un juego, una distracción. Desde mi punto de vista, el docente debe abstenerse de etiquetar al alumnado que realiza estas conductas, aunque eso no significa que se puedan justificar actos violentos o agresivos. Es preferible acompañarlo para que entienda que su comportamiento no es adecuado, porque en muchos casos su ambiente familiar es muy permisivo con la violencia; pueden llegar a ejercerla con ellos u otros miembros de la familia; y tienen acceso libre a ella a través de videojuegos, películas, redes sociales...

"La prevención es la clave, que los estudiantes entiendan (antes de que se produzca la situación de acoso) que los actos violentos tienen consecuencias y que en muchas ocasiones son irreversibles"

El mayor éxito es que un acosador se reconozca, entendiendo que ellos también son víctimas de su ambiente familiar o social y que muchas veces solo encuentran en el entorno educativo una pauta hacia el buen comportamiento. La prevención es la clave, que entiendan (antes de que se produzca la situación de acoso) que los actos violentos tienen consecuencias y que en muchas ocasiones son irreversibles.


P: En su trayectoria como escritora también ha tenido la oportunidad de profundizar en las relaciones de pareja en los adolescentes. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido descubrir?


R: Las primeras relaciones sentimentales que mantienen los adolescentes tienen su punto de partida en esquemas aprendidos como observadores de su entorno familiar. Y, en este sentido, también se pueden normalizar conductas poco deseables. Si, por ejemplo, han crecido en un entorno en el que el desprecio o el insulto forman parte de la dinámica familiar, en sus primeras relaciones de pareja no les parecerá grave este tipo de comportamiento.

“Las primeras relaciones sentimentales que mantienen los adolescentes tienen su punto de partida en esquemas aprendidos como observadores de su entorno familiar. Y, en este sentido, también se pueden normalizar conductas poco deseables”

Hoy en día, en los centros educativos se están haciendo grandes esfuerzos para concienciar sobre el tema de violencia de género; sin embargo hay un aspecto más sutil que pasa inadvertido para la mayoría de jóvenes y educadores y es el de la dependencia emocional: esto es así porque no existe un conocimiento y aprendizaje sobre las relaciones sanas. Además, los mitos que promueven la literatura romántica, canciones, películas… y una baja autoestima son caldo de cultivo para que los adolescentes se enganchen emocionalmente a otra persona. Por eso, el mensaje que quiero transmitir es el de empezar en el amor por uno mismo, construyendo una autoestima fuerte y sincera.


Una de las dinámicas que más me sorprendió descubrir es que adolescentes muy inteligentes viven episodios de violencia y abuso en sus primeras relaciones sentimentales. Creo que la intensidad emocional que se vive en esta etapa de sus vidas hace que se confundan o normalicen actitudes como la dependencia, el aislamiento o el control hacia la otra persona. Es por esta razón que educar en relaciones saludables, bien sea entre el grupo de iguales o en la relación de pareja, me parece un aspecto prioritario.



P: La salud mental en la adolescencia es otro de los temas que le preocupa. Ante la falta de una asignatura en la escuela, ¿cómo se puede trabajar?

R: Yo no soy psicóloga y mi aporte sobre estos temas está más orientado a generar preguntas y un espacio de reflexión en el aula a través de la lectura que a dar pautas a los educadores. En 2017, recibí una carta de una alumna con pensamientos suicidas y decidí que, además del apoyo del Departamento de Orientación (ellos sí que tienen una titulación psicopedagógica), podría plantear en clase un entorno para la reflexión sobre temas tabú que el adolescente necesita. Y es que si no obtiene respuestas en un entorno educativo o familiar buscará la información que necesite en Internet o en su grupo de amigos, lo que puede llevarle a que no reciba respuestas acertadas a sus problemas. Por poner un ejemplo, una chica acudió a mí después de una charla para contarme que la solución que sus amigas y las redes sociales le habían dado a su problema era la autolesión.

“La intensidad emocional que viven los adolescentes hace que se confundan o normalicen actitudes como la dependencia, el aislamiento o el control hacia la otra persona”

La realidad es que hoy en día el tratamiento psicológico no es accesible a todo el alumnado que lo necesita. Por esta razón, la lectura puede proporcionarnos un espacio en el que detectar situaciones graves como el ciberacoso, pensamientos suicidas, autolesiones, relaciones tóxicas o el abuso de sustancias.


P: ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías en la salud mental de los jóvenes? ¿Cómo se les puede preparar para una sociedad en la que las redes sociales venden muchas veces una imagen que no se corresponde con la realidad?


R: Es casi imposible encontrar adolescentes que no tengan un smartphone con acceso a Internet. Los últimos estudios nos dicen que están perdiendo el control sobre su capacidad para autorregular el uso que hace de él y que ello tiene consecuencias académicas y de salud mental. Las líneas de investigación, por tanto, nos instan a regular su uso y esto coincide con las últimas reuniones que he tenido con las familias, en las que también me expresan su preocupación. Los profesores compartimos también esta inquietud, pues hemos visto cómo, cada vez más estudiantes, han perdido la capacidad de permanecer sin usar su móvil durante las horas lectivas.


En este entorno, en el que lo virtual gana terreno a lo real, la imagen que ofrecen las redes sociales es estereotipada y tiene un impacto directo en cerebros que todavía se están formando. La irrealidad de las redes sociales crea imágenes erróneas de vidas y cuerpos perfectos que no ayudan con las inseguridades que se viven en la adolescencia, lo que favorece la baja autoestima y la ansiedad. Una forma de contrarrestarlo puede ser a través de estas mismas armas, influencers seleccionados por el docente que transmitan una imagen más realista, como la de la artista Mara Jiménez que a través de su cuenta @croquetamente_ ha ayudado a miles de jóvenes a sentirse a gusto con su físico.


En definitiva, creo que ya estamos en tiempo de descuento y que mirar en otra dirección no es la solución para una juventud que no ha aprendido a lidiar con las consecuencias de un mal uso de las nuevas tecnologías. Siendo honesta, a los adultos también nos ha pillado por sorpresa, pero no podemos evadir nuestra responsabilidad de educar a las generaciones más jóvenes o, al menos, intentarlo.


 

Fuente: Educacion 3.0 https://www.educaciontrespuntocero.com/entrevistas/maria-pareja/

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