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Directivos y docentes alarmados con esta noticia: No va más...

Una noticia que resquebraja totalmente la educación secundaria en Colombia


Fotografía: Red+Noticias


La autonomía de las instituciones educativas para evaluar a sus estudiantes representa una oportunidad valiosa para fortalecer la calidad de la educación y devolverle al proceso pedagógico su verdadero sentido formativo. Permitir que los colegios definan sus propios criterios de promoción no implica arbitrariedad, sino la posibilidad de evaluar de manera más justa y contextualizada, teniendo en cuenta las particularidades de cada comunidad educativa, sus proyectos pedagógicos y las realidades de sus estudiantes. La educación no puede reducirse a reglas rígidas y uniformes que desconozcan la diversidad de contextos sociales, culturales y académicos que existen en el país.



Un sistema que confía en el criterio pedagógico de las instituciones reconoce que los docentes y directivos son actores clave en la formación integral de los estudiantes. Ellos conocen de primera mano los avances, dificultades, procesos y esfuerzos individuales de cada alumno, algo que difícilmente puede medirse con porcentajes o límites impuestos desde una norma general. La autonomía permite evaluar no solo resultados finales, sino también procesos de aprendizaje, responsabilidad académica y compromiso, promoviendo una educación más honesta y coherente con los objetivos formativos.



Además, esta libertad institucional puede contribuir a elevar los estándares educativos, al reforzar la idea de que el aprendizaje requiere constancia, disciplina y acompañamiento. Cuando la promoción automática deja de ser una obligación, se envía un mensaje claro y positivo: avanzar de grado debe ser consecuencia del aprendizaje real. Esto no significa excluir o castigar, sino identificar a tiempo las dificultades y brindar apoyos pedagógicos oportunos para que los estudiantes logren las competencias necesarias, fortaleciendo así su autoestima académica y su preparación para futuros retos.


Finalmente, la autonomía evaluativa, bien aplicada, puede convertirse en una herramienta para mejorar la equidad educativa. Al permitir decisiones pedagógicas responsables y ajustadas a cada contexto, los colegios pueden diseñar estrategias de refuerzo, seguimiento y nivelación más efectivas. Siempre que se mantenga como eje el derecho fundamental a la educación, esta libertad no debilita el sistema, sino que lo humaniza, lo hace más reflexivo y orientado al aprendizaje significativo, donde evaluar no es excluir, sino formar con criterio, responsabilidad y sentido educativo.


Profes al aula.

 
 
 

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