Antioquia educa mientras el Ministerio mira para otro lado
- Elkin Pelaez

- 25 may 2025
- 2 Min. de lectura
El ministro de Educación ha brillado por su ausencia, mientras el Gobernador de Antioquia avance y acompaña a los docentes.

En un país donde la retórica educativa abunda y la acción escasea, Antioquia se levanta como un ejemplo de voluntad política y compromiso real con las zonas más olvidadas del territorio nacional. Mientras el Ministerio de Educación Nacional sigue enredado en su laberinto burocrático y su ministro parece más interesado en declaraciones vacías que en resultados tangibles, el gobernador de Antioquia ha optado por algo más revolucionario: hacer la tarea que le corresponde al Gobierno Nacional.
No es exageración. En días recientes, la Gobernación de Antioquia transfirió más de 11.800 millones de pesos a 30 municipios no certificados para garantizar el transporte escolar de niños y niñas que, de otro modo, seguirían recorriendo trochas a pie o, sencillamente, desertando de la escuela. Un esfuerzo que, como lo informó la Secretaría de Educación Departamental, beneficiará a más de 17.000 estudiantes en zonas rurales, esos territorios donde el Estado central suele llegar tarde —o simplemente nunca llega.
Además, el departamento está apostando a la innovación con estrategias como el modelo de Escuela Nueva en zonas de difícil acceso, aulas móviles, formación docente pertinente y el fortalecimiento de las tecnologías en contextos rurales. ¿No es esto lo que debería estar haciendo el Ministerio de Educación? ¿No es su deber garantizar la equidad educativa en todo el país?
Lamentablemente, el ministro de Educación ha brillado por su ausencia. En lugar de coordinar, apoyar y liderar una política nacional que reconozca las complejidades de territorios como Antioquia, ha optado por dejar al departamento solo, como si su progreso educativo fuera un asunto exclusivo del nivel local. Las cifras lo demuestran: mientras Antioquia moviliza recursos, el Gobierno Nacional se enreda en promesas y diagnósticos eternos.
Es doloroso —y también indignante— ver cómo los gobernadores deben suplir los vacíos del Ejecutivo. ¿Qué sentido tiene un Ministerio de Educación que no logra garantizar ni siquiera el transporte escolar en las zonas rurales más vulnerables? ¿Qué sentido tiene un ministro que no visita los territorios, que no escucha a los docentes, que no responde a las urgencias?
Antioquia no está pidiendo milagros. Solo está pidiendo que el Estado haga su parte. Mientras tanto, su gobernador —con visión y decisión— sigue dando lecciones de liderazgo. Ojalá el ministro tomara nota. Aunque, viendo su gestión hasta ahora, da la impresión de que ni eso sabe hacer.
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